Viviendas inteligentes

Las viviendas inteligentes suponen el modelo de casa del futuro. El feroz avance de la tecnología desarrolla aplicaciones cuyo propósito pretende que los usuarios dependan menos de los aparatos electrónicos del hogar, en cuanto a consumo eléctrico se refiere. Los beneficios de estos inmuebles supone una transición hacia la comodidad y la seguridad integrada y controlada a través de un teléfono móvil y la conexión a Internet.

Este concepto tan vanguardista se define como un conjunto de sistemas que componen una serie de aparatos electrónicos y electrodomésticos en el que el usuario puede automatizar sus funciones gracias al Internet de las cosas, es decir, a través de que estas instalaciones poseen Wi-Fi en su interior. De esta manera, así es como el consumidor puede gestionar su desempeño en el hogar por medio del control remoto.

De este modo, el sistema eléctrico, de gas y de calefacción o agua caliente sanitaria de la vivienda se encuentra monitorizada por el usuario, que también puede determinar sus funciones desde la distancia con la ayuda de un teléfono móvil inteligente, también conocido como smartphone, o una tableta electrónica. En este sentido, se puede programar una lavadora para que se encienda a cualquier hora del día determinada y se apague de manera automática.

Componentes de una casa inteligente

Las viviendas inteligentes se encuentran, por lo tanto, integradas por equipos de domótica, es decir, de aparatos y dispositivos electrónicos que centralizan las señales que captan o reciben en su sistema y ordenan actuaciones determinadas a realizar.

Otro de los conceptos imprescindibles es un soporte de comunicación, es decir, un teléfono móvil o tableta electrónica con el que monitorear y controlar todas las funciones que permiten realizar los aparatos.

Por último, las diferentes aplicaciones que existen en sistemas domóticos para poder instalar en la vivienda inteligente particular:

  • Los sensores de movimiento, capaces de detectar la presencia de alguien. Pueden servir para encender y apagar de manera automática las luces de la vivienda, de este modo el usuario se despreocupa de los posibles que incrementan las facturas eléctricas, o también para bloquear las puertas y ventanas en el caso de amenaza de un posible hurto o robo durante la ausencia de los huéspedes.
  • Los termómetros inteligentes regulan de manera mecánica la temperatura del interior de la vivienda a base de la que hay en el exterior. De esta manera, el usuario no tiene que estar pendiente de los cambios bruscos que se producen.
  • Las cámaras de seguridad disponen de una nube de almacenamiento en Internet que guarda todas las imágenes de la vivienda. De este modo, el usuario puede ver a tiempo real y diferido todo lo que acontece en su interior durante su ausencia.
  • La tecnología LED, de baja densidad, permite un alumbrado con un consumo de entre el 80% y el 90% menor que las incandescentes. Pueden cambiar de tonalidad y color, adaptándose a cada circunstancia y ocasión. De hecho, se regulan de manera automática para aprovechar al máximo la luz natural del Sol. Se estima que su vida media ronda los 10 años, casi el doble que su competencia.

El impacto medioambiental de los hogares inteligentes

La ventaja más saludable de las viviendas del futuro es que se rigen por un sistema inteligente que proporciona mucha tranquilidad y comodidad en la vivienda, pero sobretodo, garantiza la  eficiencia energética.

Este factor trata de que las casas se abastezcan de un suministro eléctrico que consuma los recursos justos y necesarios, esto es, el  ahorro de energía a través de aparatos electrónicos que reciben una alta calificación energética al no desperdiciar suministro durante su transporte y uso. En consecuencia, el usuario también reduce de manera considerable la factura eléctrica.

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